12. de camino a la aventura

1211 Palabras
Por una extraña razón, si hay algo que activa a Harlet es dormir poco, por eso al otro día, es la primera que se despertó. Como a eso de las nueve de la mañana, incluso antes que  Calihue que se había ido temprano de la fiesta. Limpió un poco la cocina y se puso a hacer panqueques para que comieran las tres juntas de desayuno.  Dilara no era una persona de mañana cuando dormía tarde y en realidad era todo lo contrario, funcionaba como un zombie por horas. Así que le costó despertarla cuando ya había preparado la mesa con el desayuno: panqueques, miel y café.  —Creo que deberíamos anotar cada dos puntos para salir de fiesta en la lista de cosas para hacer en el viaje. —señaló Calihue, Dilara y Harlet se miraron entre ellas con el ceño fruncido. —Ayer la pasé muy bien en la fiesta, las personas de teatro son cálidas, aunque son bastante intensas.  Harlet y Dilara no dejaban de estar sorprendida por lo que Calihue les decía. Pensaban que la había pasado mal y que se había ido temprano por eso, apenas eran un poco más de las dos de la mañana y la fiesta duraba hasta las seis.  —¿Qué? —les preguntó, mirando a una y después a la otra divertida pero también  confundida.  —Te fuiste temprano, nos preocupamos de que te paso algo o de que la haya pasado mal. —contestó Harlet, todavía notándose en su cara que no se esperaba para nada que Calihue la haya pasado bien.  —Ah, no, —habló Calihue, tranquila. —siempre me voy de las fiestas a las dos de la madrugada.  Cuando terminó de hablar, tomó un largo trago de su café.  - El tren no era tan bonito como en el que habían viajado Harlet y Dilara hacía la ciudad. Era más nuevo, no había cafetería pero si un dispensador de café gratis, no tendría de qué quejarse, aunque si por el hecho de que ninguna de las dos tazas a mano, sino en las profundidades de su mochila y vajila. Calihue si tenía en uno de los bolsillos grandes, un vaso y una taza de plástico así que podían tomar en turnos.  Esta vez los vagones eran todos blancos y fríos, con los asientos grises o algunos azul oscuro, había una voz que indicaba la parada en la que se encontraban. Los asientos eran más grandes y cómodos que la última vez, el servicio era mejor, aunque no era lo mismo. Aunque se sentirían estúpidas si se quejaban en voz alta, lo habían anotado porque era bonito y cálido viajar así, .  —Mmmm…. —comenzó a dudar Harlet, la punta de la lapicera sobre sus labios.—Para hablar con extraños voy a necesitar otra lista… —Calihue la interrumpió con una risa, Dilara rodó los ojos de manera divertida, negando apenas la cabeza. —¿Cuántas listas quieres hacer? —preguntó divertida Calihue. —Pff… —Dilara hizo un sonido de queja antes de hablar.—Harlet puede hacer millones de listas,tiene talento para eso. —Es que así todo está organizado… —Murmuró Harlet, indignada.  Era algo de lo que siempre le hacían comentarios, ni siquiera así le acomplejaba, le daba igual lo que pensaran de ella por hacer listas, a veces los chistes le resultaban tontos y le cansaban. Pero era algo que hacía desde pequeña para organizar sus ideas y sus días, más que nada le servía para la universidad. Aunque podría sonar raro al resto de las personas, comenzar a hacerlo para sus deseos fue lo más divertido que anotó en papel. Pensaba que al principio le frustraba si no cumplía, como si le pasaba con sus obligaciones, pero era para disfrutarlo así que no se estresaba.  Cuando se aburrió de hacer la lista de “como hablarle a un extraño”, con resoplidos, guardó su cuaderno y sacó su bitácora para comenzar a dibujar. No duró veinte minutos con el lápiz que volvió a resoplar de indignación. —Me molesta que el tren sea lo suficientemente lento para llevarnos durante doce horas un transcurso que el colectivo hace en tres pero lo suficiente rápido como para no dejar que dibuje nada del camino. —Suspiró dramáticamente.  Calihue bajó el libro que estaba leyendo de su rostro para contestarle.  —¿Por qué no dibujas lo que hay dentro? —Porque es todo feo —fingió un llanto exagerado.  —Solo estás haciendo un capricho porque no es como esperabas, —comentó Dilara, Harlet asintió con una mueca en su rostro que decía: es obvio. —piensa en el lado bueno, el viaje nos salió más barato. Cuando se hizo de noche, apagaron las luces del vagón, lo que limitaba lo que podían hacer. Ya no podían leer, escribir, ni dibujar, solo estar con el celular. Por suerte habían llevado sus cenas por las dudas y para poder ahorrarse eso, pero lo agradecieron, porque al haber quitado la cafetería no iban a poder comprar nada para comer allí.  Cerca de las doce, Dilara y Calihue seguían despiertas, en un momento, Dilara comenzó a reír a carcajadas. Calihue le dedicó una mirada curiosa.  —Mi hermana es abogada, acaba de mandar al grupo de la familia una captura de chat donde un estafador que fue denunciado y que es conocido en el pueblo por ser estafador le habla pidiendo asesoramiento porque fue estafado —Vuelve a reír a carcajadas, Calihue también lo hizo.  —¿Cómo fue su caso? O sea, ¿cómo estafó personas? —Fue polémico —le hizo una mueca, abriendo los ojos. — les vendió cajones a adultos mayores por años, se hacía pasar por un artesano de cajones. Su estafa resultó por años en un pueblo tan chico porque los viejos estafados morían y obviamente no estaban en su propio velorio, como vivían solos, sus familias no estaban segura si pagaron uno o no, así que volvían a pagarlo —se encogió de hombros, con una mueca divertida—. A los que querían ver su cajón antes de morir les ponía excusas sobre que no estaba consiguiendo  la madera que la persona había elegido. especificar Calihue escuchó todo con el ceño fruncido. —Parece que lo pensó pero creería que no lo hizo.  Dilara hizo una mueca encogiéndose de hombros.—No lo sé, pero le salió muy bien, ninguna de la familia pudo presentar nada en el juicio, sólo habían algunos comprobantes de grandes transferencias de dinero, porque la mayoría de viejitos no sabían usar el cajero. Pero igual los comprobantes no servían de nada, podía ser cualquier servicio, o incluso una donación o transferencia por elección. No tenía testigos, todos estaban muertos. Ganó la denuncia y cobró un juicio que ganó por daños y perjuicios después.  —Es ridículamente sorprendente. —Calihue se rió. —¿Con que lo estafaron? —Mi mamá le preguntó a mi hermana en el grupo pero todavía no respondió. —se encogió de hombros.  Cuando bajaron del tren eran las tres de la madrugada, tenían unas cinco horas hasta tener que subir al colectivo. Harlet bajó adormilada. Fueron directo a una cafetería de la terminal de ómnibus. 
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