Alexandra. El rostro de Eros estaba serio, sus ojos seguían tormentosos, había detenido de golpe sus movimientos, sus músculos seguían tensos, su mandíbula empezaba a tensarse. Lo había arruinado. —Eros, yo lo siento, no quería decir eso — comencé a decir atropelladamente. Sabía que no tenía que disculparme, pero esto que estaba pasando entre nosotros sería estúpido que no nos diéramos cuenta. Ninguno quería apostar por el otro, pero teníamos que hacerlo en algún momento. Salio de mi interior, hasta ese momento no había caído en cuanta que no habíamos usado protección, gracias a dios no termino. Más bien gracias a mi. Se levantó y busco su ropa interior, en ningún momento me miró. —Esto...— nos señalo a ambos— No va a ser más que un revolcón que no termino, si quieres seguir acost

