Alexandra. El camino a casa de mi madre era silencioso, solo los balbuceos de Harriet apagaban el ensordecedor silencio. Harriet seguía llamando a Eros papá, y yo no sabía que hacer. Y como Eros dice, no se mantener la boca cerrada. —No tienes porque hacerlo, Harriet ya tiene un padre— murmuré sin mirarlo. De reojo pude observar como sus manos apretaban fuertemente el volante, obviamente molesto. —Pues yo no lo veo aquí presente, y por si no lo recuerdas intento llevársela, muy buen padre del año que es— dijo sarcástico. Solo suspiré, y seguí mirando por la ventana, ya estábamos entrando al vecindario de mi madre, al estacionar frente a la casa mi madre salió a recibirnos. —Creía que no iría a trabajar hasta la otra semana— mi madre tomaba a Harriet de mis brazos y la pañalera de

