El monstruo de ojos grises
PATRICIA
Sonó el timbre de la puerta, indicando que había llegado un cliente. Y tan pronto como entraron, con el tintineo del timbre, todo el restaurante se quedó en silencio.
Alcé la vista y vi al hombre más guapo que había visto en toda mi vida. Medía alrededor de 1,95 m y tenía unos ojos casi negros de lo más seductores y el pelo color medianoche, peinado hacia atrás con pulcritud, lo que le daba un aire aún más intimidante.
Llevaba un elegante traje n***o a medida, que supongo que sería de Armani. Se ceñía demasiado bien a su cuerpo, haciendo que sus músculos llamaran aún más la atención. Había dos hombres vestidos igual que él, siguiéndole de cerca.
Todo en este tipo rezuma poder y riqueza, y mentiría si dijera que no me sentí intimidada por él.
A medida que caminaba, todo el mundo se apartaba y le dejaba paso a él y a sus... ¿guardias de seguridad? En cuanto se sentó, aparté rápidamente la mirada para que no me pillara mirándolo fijamente.
Me di cuenta de que todas las chicas del restaurante intentaban llamar su atención, pero él parecía completamente indiferente a lo que le rodeaba. Sus ojos atravesaban todo lo que le rodeaba, y su rostro parecía tener la muerte escrita en él.
Agustina, mi compañera de trabajo, se acercó a mí y me dijo en un susurro:
—Ve a tomarles nota—, lo que casi me hizo atragantarme con mi propia saliva. Me recuperé rápidamente y negué con la cabeza.
—¿Por qué no?—, preguntó mirándome con incredulidad.
De ninguna manera me acercaría a ellos, sabiendo muy bien que seguramente haría algo para hacer el ridículo.
—Las chicas se morirían por estar en tu lugar ahora mismo—, comentó mirándome con incredulidad.
—Bueno, estoy nerviosa. ¿Me puedes culpar?—, le dije, poniéndole los ojos en blanco en broma.
—¡Ve ya!—, exclamó Agustina.
Un suspiro se escapó de mis labios mientras me dirigía a regañadientes hacia su mesa para tomarles nota. En ese momento, mis manos empezaron a sudar y a temblar mucho.
Mis piernas temblorosas me llevaron hasta ellas.
—Buenas noches, seré su camarera esta noche. ¿Qué les puedo servir?—, comencé con mi voz profesional, esforzándome mucho por no tartamudear.
Al levantar la vista hacia ellos, vi que él me miraba fijamente. Sentí que mi cuerpo empezaba a temblar y que el corazón me latía con fuerza en el pecho. Su mirada era tan intensa que podía hacer que cualquiera se acobardara.
—Tomaré el número 5, por favor—, dijo el chico de ojos marrones, que parecía el más simpático de los tres. Y justo cuando iba a anotar el pedido, el bolígrafo se me resbaló de la mano, ya que me temblaban y sudaban violentamente. Estaba a punto de agacharme para recogerlo, pero el hombre de ojos grises ya se me había adelantado.
Me entrega el bolígrafo rozando ligeramente sus dedos con los míos. Sentí una descarga eléctrica recorrer mi cuerpo, lo que me hizo levantar la vista hacia él y ver que ya me estaba mirando fijamente.
Sentí cómo el calor se me subía lentamente a las mejillas, lo que me hizo apartar la mirada rápidamente, sin querer que él viera el efecto que tenía sobre mí, así que anoté apresuradamente sus pedidos y, literalmente, salí corriendo de allí.
Después de ir a la cocina, le dije a Agustina que les sirviera la comida, sin querer ir a ningún sitio con ese monstruo de ojos grises.
Pero poco sabía yo que aquella no sería la última vez que él entraría en este restaurante.
*
En cuanto el monstruo de ojos grises y sus amigos se marcharon, solté un suspiro que ni siquiera sabía que estaba conteniendo. Podía respirar con más tranquilidad y, por mucho que me alegrara de que se hubiera ido, había una pequeña parte de mí que lamentaba no haber tenido ni siquiera la oportunidad de saber su nombre.
Es cierto que es un hombre peligroso, pero hay algo en él que me atrae y, al mismo tiempo, me aterroriza.
Tras su partida, parece que no soy la única que se siente aliviada de que se hayan ido; todo el restaurante volvió a ser el lugar ruidoso de siempre, como si les hubieran quitado un peso de encima, pero Agustina, sin embargo, está desanimada porque se marcharon tan rápido.
—Estoy disfrutando de la vista—, dijo mientras los miraba, o mejor dicho, los observaba fijamente.
El tiempo pasó tan rápido que ni siquiera me di cuenta de que ya era la hora de que cerrara la cafetería.
Fui al vestuario a cambiarme a mi ropa habitual, ya que llevaba el uniforme, cuando vi a Tyler, mi compañero de trabajo, sentado en una de las sillas como si estuviera esperando a alguien.
—¡Hola!—, lo saludé.
Levantó la cabeza de golpe para mirarme y sonrió.
—¿No te vas a casa?—, le pregunté, lo que le hizo sonreír con timidez.
—Eh, sí, te estaba esperando—, murmuró, tartamudeando un poco, y cualquiera que lo mirara en ese momento podía darse cuenta claramente de que estaba nervioso.
Le sonreí para animarlo, con el fin de que se sintiera un poco mejor y más cómodo.
—Ah, vale, ¿quieres decirme algo?—, le pregunté de nuevo, y él negó con la cabeza.
—No, no—, respondió rápidamente. —Solo quiero pasar un rato contigo, ya que el restaurante siempre está tan lleno que ya ni siquiera tenemos tiempo para hablar—, explicó, lo que me hizo asentir con la cabeza, mostrándome de acuerdo con él.
Tras cambiarnos, Tyler y yo salimos del restaurante, charlando sin parar como si no nos hubiéramos visto en años.
Tyler es un buen amigo mío; lo conozco desde el primer día en que Ryan, el dueño de la cafetería, me ofreció un trabajo. Después de hablar y trabajar juntos, Tyler me confesó que le gustaba, pero yo le dije que solo éramos amigos y que debíamos seguir siéndolo, a lo que él accedió, y yo se lo agradecí, ya que no quería arruinar nuestra amistad ni crear una situación incómoda entre nosotros.
Tyler decidió acompañarme a mi apartamento esta noche, a lo que, por supuesto, accedí, ya que quería un poco de compañía porque sé muy bien que sin duda pensaré en ese hombre de ojos grises y también porque echaba de menos hablar con mi amigo.
O tal vez solo porque te mueres por preguntarle por el monstruo de ojos grises, se burló mi conciencia interior.
Mientras caminábamos en la noche, debatía conmigo misma si debía preguntarle a Tyler por él o no.
Al final me rendí cuando me di cuenta de que no tenía nada que perder.
—¿Puedo preguntarte algo?—, le pregunté.
—Ya lo has hecho, flor—, respondió él, sonriendo.
Me detuve en seco y me volví para mirarlo.
—¿Quién era ese chico...?— Ni siquiera llegué a terminar la pregunta, pero, por la expresión de Tyler, parecía que ya sabía de quién estaba hablando.
—Mantente alejada de él y de sus amigos, ¿me entiendes?—, afirmó con una expresión seria en el rostro que dejaba claro que no estaba bromeando.
—Pero ¿por qué?—, le pregunté, prestándole toda mi atención.
—No te metas con esos tipos, no se lo pensarán dos veces antes de meterte una bala entre los ojos—, respondió, con una voz llena de emociones que no lograba descifrar.
Se me puso la piel de gallina al pensar en las palabras de Tyler.
—¿Y se salen con la suya haciendo eso? ¿Cómo?—, le pregunté, desesperada por obtener alguna respuesta.
Había un montón de preguntas revoloteando en mi cabeza que me moría por hacer, pero no encontraba las palabras para expresarlas.
Tyler suspiró:
—Son muy poderosos e influyentes. Su líder, Torres, tiene una fuerte conexión con la policía, lo que le ayuda mucho a salirse con la suya—, dijo finalmente, rindiéndose, y para cuando terminó de hablar de él, me quedé tan atónita que ni siquiera me di cuenta de que ya habíamos llegado a mi apartamento.
Así que, detrás de ese rostro atractivo se esconde un monstruo, pero ¿por qué sigo sintiendo que hay algo más en él?
Pero sea lo que sea, será mejor que no me meta en eso.