capítulo 17

1433 Palabras
— Es horrible... espantoso! Dijo jadeando Carlos. La han matado... está muerta. Había restos de cadáveres esparcidos por todas partes. Una guerra había destrozado todo el pueblo. Sólo apenas respiraba cuando la encontré. En aquel día soleado, el viento agitaba violentamente ella estaba tirada en el suelo, casi son vida quien lo había hecho, no lo podía imaginar porque era una guerra civil y todos luchaban por sus vida. Mataron a los caballos, las vacas. Al parecer, nadie había sobrevivido a aquella masacre. Los «cobardes» del este eran los responsables de la tragedia. — Ni la muerte me apartará de ella, nadie los protegerán de mí. Juró Carlos. Ya llegaría la hora de la venganza, pero en ese momento se sentía desesperado, aturdido, desolado. Esto sucede porque las emociones ligadas al trauma quedan registradas en su recuerdo del subconsciente, con tanta fuerza que el alma la arrastra a futuras encarnaciones. ¿Qué había ocurrido antes de aquella horrible experiencia? ¿ Y qué ocurrió después? — ¿Recuerdas algo más? — Hay muchas chozas... tiendas, la estoy llevando a su pueblo, pero está muerta. Carlos describió su ciudad natal en España y sus padres eran los reyes de españa, pero estaba en este continente y dijo que están en la selva. — Hay muchos indios que me ven piensa que mate al amor de mi vida. Estaba enamorado de la mujer más bella de su pueblo donde vivía. Con ella había conocido el amor verdadero. — ¿Cuál es el nombre de esa mujer? Le pregunto Magnolia. — Creo que se llama Selva. Contestó dubitativo. Entonces, ¿Cómo era posible que Carlos estuviera en una época tan corrupta? El proceso es parecido al hecho de ver una película. Carlos recordaba perfectamente el lugar donde existió alguna vez un pueblo hace más de dos siglos. Sin embargo, hablaba español y respondía a mis preguntas a medida que iba recordando. — ¿Sabes cómo te llamas? — No, no me acuerdo. Dijo de nuevo titubeante. No recordó mucho más. Carlos estaba exhausto. No quería volver al pueblo devastado para enfrentarse una vez más a lo que quedaba de aquella vida hecha pedazos. — Vamos muchacho, necesito saber más. Tanto Carlos como Magnolia necesitaban conocer mejor el origen de aquel intenso dolor que se había incrementado desde la trágica muerte de su padre. Tenía que hallar una explicación a la superficialidad de sus relaciones. ¿Quizá las críticas continuas de su madre a sus novias y el sentimiento de culpabilidad impedían enamorarse de verdad? ¿ O tal vez no había encontrado todavía a la mujer idónea?. Era algo extraño para ese muchacho. Es frecuente que en las primeras regresiones se evoquen los momentos más traumáticos de las vidas anteriores. Una vez más volvió a ocurrir. — Soy un príncipe... Español, creo. Había dicho Carlos. — Llegamos en un barco para el nuevo continente, y encontramos muchas cosas nuevas. Es enorme, el pueblo donde desembarcamos. Carlos se calló. — Sigue adelante en el tiempo. Magnolia le sugirió, Magnolia le dió tres palmadas en la frente para concentrar su atención y ayudarle a avanzar en el tiempo. — Hemos llegado a un casa hermosa, dónde esté por un tipo allí. Dijo Carlos resoplando y sudando. — Hay unos pequeños indios, los contratamos para ser exclavo. Carlos empezó a sudar muchísimo. Respiraba muy rápido y parecía muy alterado. — Hay mucho alaraca en el pueblo. ¡Dios mío!. exclamó súbitamente. — Los españoles e indios tienen una guerra están al otro lado del pueblo. Van matando a medida que se acercan, uno por uno... ¡Oh Dios mío a mi amada le han clavado una daga en el pecho!. Dijo dando un grito ahogado y llevándose una mano al cuello. Su respiración se aceleró todavía más. Se estaba quedando sin aire y las gotas de sudor se deslizaban por su cara y le empapaban la camisa. De repente se quedó quieto, empezó a respirar con regularidad y se tranquilizó. Después dijo. — Mi amada a dejado esta vida... tantos cadáveres... tanta sangre... pero ahora estoy solo sin ella, y con un dolor inmenso. — ¿Qué has aprendido? — He descubierto que la violencia refleja una profunda ignorancia. La muerte de mi amada fue algo imprevisto, falleció lejos de su hogar, de sus seres queridos y por culpa de la codicia de los demás. Los indios y los españoles se mataron los unos a los otros estúpidamente en tierras lejanas a causa del oro. Lo robaron y se mataron por él. La codicia y la 'Violencia acabó con sus vidas... se habían olvidado del amor... Carlos se quedó en silencio. Dejé que descansara y asimilara aquellas extraordinarias sesión. Yo también me puse a pensar en aquella mujer tan amada por el. En realidad esto ha ocurrido siempre a lo largo de la historia. Qué poco hemos aprendido del amor y el amor al prójimo. ¿Cuánto más necesitamos sufrir antes de recordar de nuevo que el amor existe?. Carlos sentado en el sillón, empezó a mover la cabeza de un lado a otro. Sonreía de placer. De un modo espontáneo, acababa de entrar en su vida volvió a su presente y hablando de esa experiencia. — ¿Quien es esa amada Carlos, para que ella muriera por ti? — No sé quién será, no la recuerdo. — Pero en las regresión no le has visto el rostro. — No solo la veo borrosa, como si mi mente no quisiera recordarla. — Pero fue muy importante en tu vida pasada, será que en esta... En la interrumpe y le dice. — Tengo una prometida, y no sé si la amo. — Tal vez ella no es esa persona que en verdad, te llene. — La verdad no se para que le hice caso a mi amigo, de venir a ver un loquero. — Ahora me llaman loquera. Magnolia se hecho a reír a carcajadas. — Y se va reír se mi doctora. — No me río de ti, si no se la forma como hablas. — Bueno cuénteme que piensa de todo esto. — De toda tu vida pasada, me dejas integrada, por la forma que te expresa de esta mujer. — Bueno es algo extraño para mí, ver en sueños despiertos alguna cosas extrañas. — Cuéntame que cosas extrañas dices. — Bueno en estos momentos estoy en una excavacion en la selva Amazona y ha veces me pongo en trance y después no se más de mi. — Pero no sabes el causa de ello. — Debe ser el estrés, no se. — Bueno hay que seguir con las sesiones y saber que te causa estos trances, alguna vez has tenido pesadillas. — Nunca las he tenido, solo que sueño despierto. — Bueno te enviaré unos medicamentos a ver cómo te va con ellos. — Bueno eso espero que me ayuden porque en estos días tendré mucho estrés, ya estamos cerca de una gran. hallazgo. — Vaya entonces su padre tenía razón, hay un templo perdido en la selva. — Pues doctora, si desea visitarme lo puede hacer. Cuando Carlos le dice el lugar del hallazgo. Magnolia se sorprende porque Silvia era de esa aldea, dónde ese hombre estaba buscando algo. Y entonces comenzó a atar clavos, algo importante había en ellos, estaban ligados por algo y las regresiones de los dos se entrelazaban. Ella necesitaba investigar más sobre todo eso. Ha llegado la hora de hablar del momento más triste de todos. Llegó a nuestra casa la noticia de que la amada del principe había sido muerto y de que se encontraba totalmente loco. El muchacho que había traído el mensaje a los de la casa le dijo lo siguiente. — El señor me dijo que llevaría a la selva a su amor, que no lo buscarán que para el ya no tiene nada. — Pero como dices eso muchacho, el príncipe tiene que volver a casa. — Lo siento eso fue lo que dijo, y trajera el mensaje. Así que el príncipe emprendió su viaje a la selva con su amada, y pasó calamidades en la selva, hasta que por fin logro construir junto a un indio un templo donde llevo a su amada. — Nadie va a profanar tu tumba. — Tu amas mucho blanco, para construir este templo majestuoso. — Mi amada está aquí por la eternidad de su vida. — Y tu banco cuando mueras que vas hacer. — Regresaré a sus brazos. — Esto que quieres es como una maldición. — Si existe, estará con mi amada por la eternidad. — Así será blanco
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