Unas lágrimas se deslizaron por las mejillas de Silvia. Todo su cuerpo temblaba. El gran vacío del centro de su alma se extendía para abrazar el calor y la vida del lejano pasado. El estruendo de un trueno dispersó la visión. Volvía a estar con su abuelo y Carlos en medio de la selva, Carlos le dijo viendo sus ojos llorosos — ¿Que paso? ¿Dónde estabas? Musitó el al verla y se pudo muy triste. — ¿Aquí... o allí? Dónde no se, entre en trance no entiendo porque. — Vamos Silvia, estamos cerca de todo esto. dijo su abuelo. Un período de tiempo transcurrió para descansar Silvia permanecío paralizada junto a su abuelo. Se hallaba perdida en un laberinto de preguntas a las cuales no encontraba respuestas. — No comprendo porque ahora me pasa estás cosas, visiones extrañas. — Yo sé cómo te

