— Es horrible... espantoso! Dijo jadeando Carlos. La han matado... está muerta. Había restos de cadáveres esparcidos por todas partes. Una guerra había destrozado todo el pueblo. Sólo apenas respiraba cuando la encontré. En aquel día soleado, el viento agitaba violentamente ella estaba tirada en el suelo, casi son vida quien lo había hecho, no lo podía imaginar porque era una guerra civil y todos luchaban por sus vida. Mataron a los caballos, las vacas. Al parecer, nadie había sobrevivido a aquella masacre. Los «cobardes» del este eran los responsables de la tragedia. — Ni la muerte me apartará de ella, nadie los protegerán de mí. Juró Carlos. Ya llegaría la hora de la venganza, pero en ese momento se sentía desesperado, aturdido, desolado. Esto sucede porque las emociones ligadas al

