Capítulo 16

923 Palabras
Ya estábamos bañadas, oleadas y sacramentadas. Tal como decía mi abuela. Listas para ir por nuestras ricas hamburguesas, el plan inicial era ir de frente, pero después Mire dijo que mejor nos bañábamos, porque en Los Ángeles uno nunca sabe con quien se puede encontrar y blablá, me toco hacerle caso. —¿Sabes donde queda el In n Out más cercano? —Déjame chequear en mi app… —le dije verificando la zona —hay uno a unas 8 cuadras aprox. Vamos caminando… —Pero estoy en sandalias altas… —Mire… cámbiate esas, solo vamos por hamburguesas, no es que vayamos a encontrarnos con alguien… —Ya te dije que esto es Los Ángeles, pero bueno. Tendré que sufrir caminando. Vamos. Caminamos con mi amiga quejándose bajo el potente sol y al fin llegamos a la reconocida cadena de hamburguesas californianas. Jamás entenderé porque solo hay de estas en este estado, tienen muchísimo potencial ¿Por qué no se expanden? Tengo entendido que también hay en los estados vecinos, pero una en Miami, Hawái, no lo sé… Sería ideal. —Alon siempre en las musarañas, ¿ahora en que planeta esta tu mente? —rio Mirella regresándome a la realidad y es que sí, mis pensamientos siempre me desconectaban de todo. —En por qué In n Out no se expande… —Justo el otro día me preguntaba lo mismo, leí que quieren expandirse progresivamente para que en todos sus restaurantes haya siempre el mismo nivel de sencillez y calidad. —¿Con la plata que ganan no pueden meterle un poco de turbo a su meta? —Ay Alon, no lo sé… Pero alégrate, al menos nosotras podemos comerlas cuando queramos. —True. —Hola, ¿Qué tal? ¿Qué desean ordenar? —nos atendíó una chica al avanzar en la cola de la caja. —Me da dos double Burger, un vanila shake y ¿tú también quieres shake? —le pregunté a Mire, ella negó. —Eso sería todo —le sonreí a la chica. —Bien, son el número 43, tengan un lindo día. —Igualmente. —Entonces, ¿yo voy cogiendo una mesa mientras esperas o al revés? —Yo me siento por fas, mis pobres pies ya no dan… —Está bien, está bien… Esperé pacientemente mi hamburguesa, vaya que moría de hambre y el olor del local no ayudaba. Olía delicioso. Me llamaron al fin. Número 43. Recogí el pedido, no sin antes pedir que le pongan extra salsa especial y me acerqué a la mesa. —Una hamburguesa con papas para ti y una para mí —le dije a Mire sentándome frente a ella. Me ignoró. Estaba pegada a su celular. —¿Ahora que pasó? —Nada, nada. Estoy investigando donde está Noah… —Bueno, en lo que tu averiguas, yo comeré. Salud. Mire dejó al fin su celular y se dispuso a comer junto a mí. Ella también devoraba su hamburguesa como si no hubiera comido en días. —Ya activé las notificaciones de ese grupo, así que cualquier novedad de Noah Way, la sabré al instante. Dicho y hecho, su celular comenzó a vibrar con notificaciones. Ella lo desbloqueo y casi escupe toda la bebida que me había robado, algo había pasado. —¿Ahora qué? —le dije —¡Tenemos que irnos ya! —se puso de pie dándole un gran mordisco a su hamburguesa, dejando todo lo que quedaba en la mesa. —¿A dónde? ¡Aún no hemos terminado Mire! —Ya me llegó una notificación de donde está comiendo Noah, ¡Vamos! Dios mío, pobre chico. —Estás loca —le dije. —Porfas Alon, tú prometiste que me acompañarías hoy… —Pero… bueno —me resigné poniéndome de pie también. —Pero yo si llevaré mi hamburguesa. Salimos rápidamente del local donde tan plácidamente estaba comiendo, para ir rumbo al restaurante donde se encontraba el pobre Noah. Me compadecía por él, que estrés no poder comer tranquilo. —¿Sabes dónde queda ese restaurante? —le pregunté a mi amiga. —En eso estoy, es que hay dos iguales… No sé en cuál de los dos estará. —A ver, déjame ver. Mmmm según la app de mapas, uno de ellos está cerca a nosotros… Vayamos a ese. —Vayamos en taxi, no hay tiempo que perder. —Mire está cerca, no desperdicies tu plata. Además, si es que llegamos y no está ahí si tendrás que pedir un taxi hasta el otro local, ese si está lejitos. —Bien, bien. Pero aceleremos el paso, que quiero verlo. A mi esto de comer mi hamburguesa mientras caminábamos a paso acelerado no me gustaba nada, ya comenzaban a darme nauseas. Tan rica que estaba mi hamburguesa… —Bien, queda una cuadra —le dije a mi amiga. —Ya espera, hagamos una pausa —me dijo —¿Cómo me veo? —Estas bien Mire, no entiendo cuál es el plan… Lo vemos y qué más. Va a ser raro y un tanto acosador, ¿no crees? —Bueno sí, ¿Qué sugieres entonces? —No sé, creí que tú tenías un plan. —Podemos ir al mismo restaurante a comer, pedimos algo, nos cruzamos casualmente… ¿Qué tal? —Bueno eso es un tanto menos acosador, pero, así como nosotras cuántas más estarán queriendo verlo. —No lo sé, no creo que tantas, ese grupo en el que estoy es un tanto privado… ¡Vayamos ya, no hay tiempo que perder! —Bien.
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