Alondra
Decidí quedarme conversando con Nicolás, ya a estas alturas de la noche no conocería a nadie y mucho menos saludaría a Noah, él estaba muy divertido con su nueva cita. Ni si quiera iba de incognito, es decir, le daba igual ser visto por la prensa. ¿Cómo pude creer todo su cuento?
—Qué bueno que ya estemos en buenos términos —me sonrió Nicolás. —Ya sé que te lo he dicho antes, pero sé que la cagué.
—Ya Nico, basta, no quiero recordarlo —la imagen de él sobre aquella pelirroja el día de su cumpleaños vino a mi mente.
—Es que te he extrañado estas semanas… ¿sabes? con ninguna es igual que contigo… —Claro, ninguna era igual a mí por eso tuvo que engañarme. Muy razonable realmente ¿no?
—Por favor no empieces…
—Es que lo digo en serio… tu risa, tu mirada, cuando te ruborizas, todo…
—Nico, en serio basta...
—Haz sido lo más lindo que me ha pasado Alon, haría lo que fuese por recuperarte—comenzó a acercarse a mí. Poso su mirada en mis labios, luego en mis ojos y nuevamente en mis labios. Yo no hice nada para evitarlo, es que sí, podía odiar a Nicolás Parker con todo mi ser, pero una parte de mi lo extrañaba. Así sea un idiota, siempre el recuerdo de los momentos buenos daba a relucir, y más ahora con el alcohol encima, deje que se acercara lentamente, poco a poco y así fue como me besó. Nuevamente había caído en su juego. Aunque ¿Qué era un beso? Daba igual, solo estaba divirtiéndome… Le seguí el beso que iba subiendo ligeramente de nivel. Me aparté porque sabía que estábamos en un lugar público. —¿Ya nos vamos?
—Te detesto Nico, ¿lo sabes? —le dije regalándole una pequeña sonrisa.
—Nunca más te decepcionaré, lo prometo… —me dio un beso en la comisura de mis labios adormeciéndome por completo. Sabía que era un patán, sí. Pero lo que viví con él, las risas que compartimos, todo había sido tan real. Algo en mí lo extrañaba realmente, pero darle otra oportunidad sería algo que jamás me perdonaría.
—Ya no digas nada, solo vamos. —Él sonrió de oreja a oreja y pidió dos tragos más junto a la cuenta.
—La pasaremos bien esta noche, lo prometo —me susurró. Metió algo a su boca, pude verlo claramente y acto seguido volvió a besarme. Sentí como la pastilla pasaba de su boca a la mía. Me alejé rápidamente. —Tranquila, solo es una menta.
—Voy al baño —corrí rápidamente escuchándolo llamarme a gritos, pero lo ignoré. Escupí la pastilla en el lavamanos. Esto no era una menta en lo absoluto ¿o sí?
—¿Estás bien? —me preguntó una chica acercándose a mí.
—Sí, sí, no te preocupes —dije ordenándome el cabello. Era muy guapa, traía un vestido largo color camello y el cabello suelto. Se me hacía algo familiar. Se acercó a mi lado y vio lo que había escupido.
—¿Quién te dio eso? —me preguntó asombrada.
—No es nada, un amigo…
—¿Nada? Eso contiene éxtasis. —Me dijo mirándome fijamente. ¿Éxtasis? —Vamos ahora mismo donde ese ´´amigo´´ tuyo, esto no se puede quedar así.
—¿Cómo estás tan segura de que es eso? —pregunté asombrada. No podía creerlo.
—Estudio medicina, créeme que he visto millones de casos. Igual déjame, que me llevo esto a laboratorio. —Tomó la pastilla, la envolvió en un papel y la metió en su bolso. Yo seguía boquiabierta, no podía creer de lo que era capaz Nicolás. —Ven, te llevo con tus amigas.
—Solo estoy con él…
—Uy, eso es un problema. Bien, vienes con nosotros… ¿Cómo te llamas?
—Alondra, ¿tú?
—Uy ese nombre —río ella. —Yo soy Carolina.
¿Qué tenía de chistoso mi nombre? Salimos del baño y claramente Nicolás estaba allí esperándome.
—Alon, ¿qué pasó?
—Me disté éxtasis, imbécil —le dije muy molesta.
—No era éxtasis, solo era un caramelito para entrar en calor…
—Eres un imbécil, ya largo, no te quiero ver —otra vez Alondra Brown cayendo en mentiras, es que me deberían dar un premio a la más ilusa.
—Solo era para ambientar, yo también comí uno…
—¿Y? el hecho de que tú lo veas normal no quiere decir que yo también, ¡me diste eso sin mi consentimiento!
—No pensé que te pondrías así, lo siento, solo quería que la pasemos bien…
—Eres repugnante, un puerco repugnante —dije pasando de largo, empujando su hombro con el mío.
—¿A dónde vas? —dijo tomándome del brazo.
—Me quedo con ella —señalé a mi nueva amiga.
—Ni si quiera la conoces.
—Chau Nicolás —me solté de él y me fui con Carolina hacia donde estaría su grupo de amigos.
Ella se mantenía en silencio mientras caminábamos entre la multitud.
—Bien Alon, intenta actuar lo más natural, tal vez un par de fotos, pero no lo asfixies demasiado ¿sí?
—¿Asfixiar a quién? —le pregunté y ahí lo vi nuevamente. Mirándome fijamente, también estaba sorprendido de verme, estaba claro. Sonrió de oreja a oreja. Y ahí entendí de donde se me hacía conocida esta chica, era la que hace menos de una hora había visto abrazada a Noah, era su cita. Y yo estaba aquí… ¿esto podría ser peor?
—¿Alon? —No sabía que era peor realmente, o estar con Nicolás o estar aquí de violinista. Solo quería que la Tierra me tragara. Absolutamente todos sus amigos me miraban como si fuera una celebridad, todos esperando a que diga algo.
—Hola Noah —fue lo único que logré articular.