Sí —confirma Alessandro, por si lo hubiera oído mal—. Esta misma noche estaremos allí. —Pero tú tienes que trabajar —argumento—, y no sabemos cuánto tiempo… Alessandro se pone los dedos en los labios. —Shhh… —me silencia con un gesto rotundo—. No se hable más —asevera—. Ve a tu habitación y haz la maleta. —No es necesario —replico—. Puedo ir en tren o en autobús. —¿Vas a viajar casi novecientas millas en tren o en autobús? ¿Tú sabes la paliza que te vas a dar? —parece escandalizado. —Ya…, bueno…, pero tú tienes cosas que hacer en la empresa. Eres un hombre muy ocupado. Antes de que me dé cuenta, él saca el móvil del bolsillo, teclea un par de veces en silencio y se lo pone en el oído. —Pedro… —dice, y me temo que va a dar comienzo a una de sus charlas resolutivas e impresionantement

