Cuando entramos en la ciudad de Fox es noche, las calles están prácticamente vacías. Solo algunas luces dispersas resplandecen en los rascacielos. —¿En qué calle está el Hospital? —me pregunta Alessandro. De inmediato se la di—.Sí, una de las sedes de mi empresa está situada en una calle paralela. Suelo venir aquí a menudo. —Ummm... —murmuro algo sorprendida. Aunque no sé por qué, si las cementera de Alessandro están repartidas por todo el país. Un cuarto de hora después estamos entrando por las puertas acristaladas del Hospital. —¿Podría decirme en qué habitación está ingresado Martha Mendoza? —pregunto a la mujer morena y de ojos grises que hay detrás del mostrador de recepción. —Un momento, por favor —dice. Asiento mientras la mujer teclea el nombre en el ordenador—. En la habitaci

