—¿No te parece un poco tarde para deambular por el castillo?—Hoccar detuvo el paso aún con la camisa mal abrochada y maldiciendo en voz baja, un par de orbes verdes y brillantes le miraban divertidos y ligeramente curiosos, Hoccar podría jurar que estaba en presencia de un conejo, uno pequeño y esponjoso, que se metería en problemas cuando siguiera apareciendo así de la nada. —Lo mismo digo, Príncipe Brian—el chico rió y se acercó a la vez que se sacaba una botella de lo que parecía ser vino, escondida en su espalda y la balanceaba en el aire—¿Estás borracho?—el chico resopló y Hoccar quiso reír, pero se contuvo y solo negó, algo divertido, después de semejante descabellado plan de Amarü, y para el cual él, se había prestado, no le vendría mal una copa. —¿Aceptas?. Vamos, solo un trago—i

