Nicholas sentía que la cabeza podría explotarle en cualquier momento, de hecho tenía sueño y mucha hambre, ligado al poco interés en sus quehaceres actuales, son todo un cóctel para el desastre. El príncipe suspiró lamiéndose los labios, con miles de pensamientos corriendo a velocidad por su mente, deteniéndose en uno en particular. Después del espectáculo que le había brindado Amarü, sin pena alguna Nicholas se había dirigido a su habitación, quitado todo rastro de tela que pudiera estorbar en su cuerpo tan incómodo y molesto como estaba, todo por el simple hecho de que aunque su cerebro le decía con una voz estúpidamente irritante que estaba mal, su cuerpo le importaba muy poco y se mantenía caliente y activo, así que una vez arribo a zona segura tomó su polla orgullosa y dura, palpita

