Capitulo 34

1584 Palabras

Aria Valli ​La habitación del hospital, que antes me parecía un escenario de guerra contra la muerte, se había transformado en un oasis de paz tras la confesión de mi embarazo. El aire se sentía distinto; ya no pesaba la incertidumbre asfixiante, sino una esperanza vibrante que parecía llenar los pulmones de mi padre mejor que el oxígeno suplementario. Me quedé sentada en el borde de su cama, sosteniendo su mano —esa mano que tantas veces me curó las rodillas de niña—, mientras le contaba anécdotas filtradas de mi vida en Rusia. ​—Rusia es fría, papá, mucho más de lo que imaginas —decía, sonriendo mientras entrelazaba mis dedos con los suyos—. Pero los edificios son como castillos de cuento de hadas. Las cúpulas de colores en Moscú parecen de azúcar. ​Mentía con la naturalidad que da

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