Capitulo 67

1136 Palabras

Dominic Ferrante ​La saqué de la ducha y la envolví en el algodón más fino que el dinero podía comprar, pero mis manos ardían con un hambre que ninguna tela podía saciar. La sequé con una delicadeza que me costaba cada gramo de autocontrol, sintiendo el calor que emanaba de su piel, el aroma a sándalo que ahora era mi único aire puro. Aria me miraba con esos ojos inteligentes, serenos, y esa calma suya era la chispa que terminaba de incendiar mis venas. ​Ya no había planes de guerra en mi cabeza. No había fantasmas, ni traidores, ni deudas. Solo estaba ella, la mujer que acababa de decirme que quería ser doctora mientras sostenía mis manos contra el fruto de nuestro amor. ​La guié hacia la cama, pero antes de que sus pies tocaran la seda de las sábanas, la detuve. La atraje hacia mí, pe

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