Capitulo 32

2009 Palabras

Dominic Ferrante ​El silencio del hospital tiene una cualidad metálica, fría y opresiva. Me levanté del sillón de la sala de espera con movimientos lentos, cuidando de no despertar a Aria. Se había quedado finalmente dormida, con la cabeza apoyada contra la pared y una expresión de agotamiento que me revolvía las entrañas. La dejé allí, respirando con la pesadez del cansancio acumulado, rodeada por la penumbra de un pasillo que olía a antiséptico y a finales que yo no estaba dispuesto a aceptar bajo ninguna circunstancia. ​Caminé hacia el final del corredor, donde el ventanal mostraba las luces distantes de una ciudad que ignoraba la tragedia que ocurría tras estos cristales. Saqué el teléfono y marqué un número privado. El tono sonó apenas dos veces antes de que una voz somnolienta

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