Capítulo 5

823 Palabras
Ushuaïa Ibiza Beach Hotel, Ibiza, España Julio de 2015   Estaba buscando como loca a mi hermana por todo el hotel, pero nadie la había visto, cosa que es raro, porque Alejandra nunca sale sin avisar. Los Odriozola llegaban en minutos y no estaba preparada para ver a la persona de la que estoy perdidamente enamorada.   Voy a nuestra habitación, luego de buscarla por una hora y la encuentro en el balcón, haciendo su tarea de la última semana de la universidad.   —¿Hace cuánto estás aquí, Alejandra, me estás molestando? —le pregunto, sentándome a su lado—. Te he buscado por todos lados, sabes.   —Desde hace demasiado tiempo, ¿dónde tienes tu mente? —dice y golpeo mi frente con la palma de mi mano varias veces—. ¡Hey, hey, hey! Te pasa algo, dímelo.   —Es que...   —¡Llegó lo mejor que ha salido de Argentina! —el grito de Candela hace que ambas nos asustemos, causando la risa escandalosa de la castaña—. Sabía que las iba a asustar.   —Ven, siéntate rápido, que Vic va a hablar sobre sus sentimientos hacia Álvi —espeta mi hermana, causando que abriera la boca ligeramente.   —¿Tanto se me nota? —pregunto en un susurro—. Me quiero morir, me voy a morir.   —El único que no se da cuenta es Álvaro, pero el pobre juega en la Real Sociedad, ahí entendés todo —bromea Candela, ganándose nuestras risas.   —Hablando en serio, no creo que voy a poder soportar todo el verano —murmuro cabizbaja—. Cuando fuimos a Donostia en Febrero, les juro que no podía respirar tranquilamente si él estaba presente. Sé que no voy a ser capaz de mantener esto en secreto por mucho tiempo.   —Entonces, que no sea un secreto —propone la argentina—. Háblalo, se nota que le gustás también.   —Que buen chiste, amiga. Álvaro puede tener a quién sea a sus pies en estos momentos y te aseguro que él no va a querer a una bebé de diecisiete años,  que a duras penas se graduó del bachillerato. Puto seas, química.   —No seas tan dura contigo misma, Victoria. Eres hermosa, por dentro y por fuera. Todos lo ven y lo saben, eres especial —suelta mi hermana y tomo su mano, como agradecimiento.   —Si Álvaro no es capaz de ver lo increíble que eres, que se joda —murmura Candela, acariciando mi mejilla—. Si él no activa, activo yo.   Rio a carcajadas y me levanto de la silla, para abrazar a las mejores personas que existen en el mundo y que tengo para apoyarme en lo que sé. No sé que sería de mí sin ellas.   —Ahora que estamos en esto de confesarnos, tengo algo que decirles —susurra Alejandra nerviosa.   —¡Estás embarazada! —exclama Candela—. No sabía que podías quedar embarazada virtualmente, hay que llamar al Vaticano y a Toni Kroos para que responda por el bebé.   —Di-dios mío —balbuceo entre el ataque de risa que estaba teniendo.   —¡Sean serias, niñas! —grita Alejandra—. Me van a transferir a una universidad en Madrid.   Detengo mi risa inmediatamente y siento que estoy a punto de caer por el balcón, mi hermana me va a dejar por dos años o más y no estará para salvarme o aconsejarme.   —¿Estás jodiendo, no? —pregunta Candela luego de un rato.   —Será el año que viene —murmura mi hermana mayor—. No quiero dejar Ibiza, pero...   —Está perfecto que lo hagas, es tu decisión —la interrumpo—. Tienes que crecer y salir de esta isla, es normal. Te entendemos, Ale.   Nuestro momento se ve interrumpido por mis padres, que entran junto a los Odriozola. Dios mío, creo que me voy a desmayar.   —¡Mis favoritas! —grita Pablo, abrazándonos a las tres a la vez, una vez que entramos a la habitación.   —Victoria, no dejes solo a Álvi —espeta mi padre, logrando que casi me cayera al piso de los nervios.   —Hola —me saluda el vasco, acariciando mi mano—. Estás hermosa hoy.   —¿Sólo hoy? —pregunto cuando me tiro en sus brazos—. Te extrañé tanto.   —Míralos, parecen novios —balbucea Pablo, mirándonos enternecido.   Me separo enseguida y empiezo a jugar con mi cabello, completamente asustada de que el futbolista se enterara de mis sentimientos.   —Cállate, Pablo. Sabes que Vic es como mi hermanita menor —dice Álvaro, despeinando mi cabello juguetonamente.   Abro los ojos como platos y me nacen unas ganas de vomitar increíbles, esto es lo peor que me pudo haber pasado. Vuelvo a salir al balcón, intentando no llorar y Candela me sigue velozmente.   —No sé que es peor, si la Friendzone o la Sisterzone.
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