Luego del primer ensayo de la boda con todo el cortejo, Alejandra, Candela y yo decidimos ir a un por café para ponernos al día con todo, mientras los chicos tenían que ir a medirse sus trajes. —¿Cuándo es que... —el mesero llega con nuestros pedidos, así que la argentina se queda callada—. ¿Cuándo es que es la prueba de vestidos? —Mañana, Candela. Te lo han dicho tres veces ya —digo y ella me saca la lengua—. Te extrañé tanto, pelotuda, aunque aún no entiendo como es que terminaste con Hazard. —La misma pregunta me hago yo todos los días, querida —susurra mi hermana entre risas. —Es un buen chico, aunque sigo creyendo que es medio trolo, pero igual, lo amo. Pasamos la tarde hablando sobre la boda, los chicos y cómo me sentía acerca de encontrarme con Álvaro en cualquie

