46.

1118 Palabras

46. Me acomodó lo mejor que podía sobre el asiento y trató de encender el motor. Sentí que un hilo de sangre comenzaba a caer por mi frente, trataba de mover las manos pero eran tan pesadas que no podía levantarlas para limpiarme la sangre de la cara. Hasta eso, una patrulla se apersonó. El patrullero le hizo bajar la ventanilla. —¿Hay algún herido? —Nada más unas heridas —dijo luego de mirarme. El patrullero que esperaba que yo dijera algo comenzó a sospechar. —Permítame su permiso de conducir. —Cómo no —le dijo con cortesía el hombre, lo tomó de las guanteras y se lo entregó. El patrullero miró la foto y luego a él. Había un problema. —Este no es su coche. —Estoy supliendo esta noche a mi primo —le explicó. El patrullero no le creía. —Baje del coche —ordenó. El hombre se sacó

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