Sin luces rojas El bar no era elegante. Era ruidoso, con luces cálidas y mesas de madera que habían visto demasiadas noches. Música rock sonaba desde un parlante antiguo sobre la barra. No había control de acceso sofisticado ni personal excesivo. Solo un lugar común para gente que quería reír sin formalidades. Las primeras en llegar fueron ellas. Entraron como una ráfaga. Risas, voces superpuestas, perfumes distintos mezclándose en el aire. No caminaban con la postura calculada del escenario. Caminaban como amigas que ocupan espacio sin pedir permiso. Juntaron mesas sin preguntar demasiado. Arrastraron sillas. Se organizaron con naturalidad. Una pidió cerveza. Otra pidió margaritas. Una tercera levantó el brazo para llamar al camarero con confianza. Lía estaba en medio. Jeans ajust

