48.

537 Palabras

48. El Orixa se mueve como un saltamontes, exige que le lleve hacia los demonios. —Dale, Mikael, que el Orixa está quisquilloso. —Adelántate… —me dice, él, sin prestarme mucha atención—, tengo que hacer algo antes… Eso no suena bien, y no me gusta. No es común que me deje el trabajo a mí. —No me salgas con esto… Mikael… —le digo, pues no le creo nada. Seguramente está ofendido por lo que le dije antes. —Dale, vamos… —le insisto. Pero él se pone molesto y antipático. —¿No puedes con un par de demonios de escuela? —suelta al ver que no pienso moverme sin él. —Así como lo dices… —le digo—, claro que no me atemorizan… solo que dos son mejor que uno… Katrina que no tiene ni una sola pizca de paciencia decide intervenir en la conversación. —Dale campeón… —me dice en son de burla— ¿No q

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