49. Las estatuas comienzan a moverse y tratan de atacarme, el Orixa salta y se interpone, absorbiéndolos con tanta fuerza que parece un imán. Las estatuas no tenían oportunidad una vez que ella se interpuso en su camino. Apenas y me despeiné un poco. —No puede ser, eso ha sido bastante sencillo… —me digo a mí mismo, meditativo. Ahora que el Orixa está lleno y satisfecho cierra el párpado y entra en sueño, o en otras palabras, ha vuelto a su estado normal. De repente, la tierra comienza a moverse debajo mis pies. —No. No. No. Veo como las pequeñas piedrecillas se mueve de derriba hacia abajo y así, viceversa. Es una especie de terremoto controlado… lo que me indica que algo muy potente se avecina. Ay, no. Esto no puede estar pasándome a mí… —¿Dónde diablos estás Mikael? —digo al a

