61. Por un instante, Katrina duda. Empalidece ante la idea. Pero luego yo razono, antes ya había visto a Mikael en su forma humana y siendo curado por el hombre cambia formas. —Serás idiota —me dice—. Si pudiera, te golpearía… —Bueno, qué bueno que tengas una maldición, me siento bendecido —me defiendo, y alzo del piso el palo que usaba el hombre como cucharón, para mover la olla. —¿Quién es el intruso? —pregunta el humano, apareciendo por detrás de nosotros. Me pongo a la defensiva. —¿Dónde está Mikael? Katrina interviene. —Disculpa a este grosero. ¿Dónde tienes a mi compañero? —Despertó y se puso intranquilo, traté de calmarlo pero no había caso… —¿Dónde está Mikael, y cuidado con lo que dices, soy un detector automático de mentiras—le advierto. El hombre no parece afectado po

