62. IAKOBUS. El frío que embarga a su cuerpo es como el filo de una navaja haciéndole pequeños tajos, constantemente, pero lo que más le es doloroso, es que no tiene noticias de Isharys, ya no siente su aliento, ni un indicio de que permanezca con vida. Solo el ruido y la pestilencia de los acólitos de Manave, que andan buscándolo. Mientras Iakobus, yace en agonía, arrinconado en medio de la nada, escucha un susurro ajeno, pero familiar. —En verdad, eres tú, Mikael que te debates entre la vida y la muerte? No escucha respuesta, piensa que quizás sea un juego de su mente, pero si fuera así, por qué no engañarlo con espejismos de Isharys? Sería algo más que benevolente, pero quizás sea la forma de auto castigo que tiene consigo mismo. El Gin se ha encargado de llevarlo con Manave, pero a

