44.
Luego de sacar a los nueve brujos necrófagos del sueño eterno, regresa en su frágil forma.
Busca con agudeza ver a Iakobus. Y al darse cuenta que ha desparecido, pierde la compostura.
—¿Dónde está? ¡Tráemelo devuelta! ¡O juro que a la que devoraré será a ti y a todos tus súbditos!
Iakobus se esconde en una cueva, atormentado por la culpa. Aún, oculto tras las gruesas paredes naturales, escucha los gritos y lamentos de su amada.
—¿Qué es lo que hice?—se cuestiona a sí mismo. La culpa lo tiene atormentado, la sola idea de que ha hecho mal al marcharse, no lo deja en paz.
Se mueve con nerviosismo, tiene la mirada desencajada. Ya no le queda nada del ángel encarnado que un día llegó a ser.
—¡Jamás debí huir, y abandonarla!
Tiene intenciones de regresar y dar batalla, o en su defecto, morir a lado de Isharys, pero se encuentra con una pared de cientos de carroñeros, enviados por su amada para ponerlo a salvo.
Mientras tanto, Isharys logra esconderse detrás de unas colinas, de la furia de su ama, la demonio Manave.
—Isharys, malagradecida, esos poderes de los que hoy te jactas, te los dí yo, cuando estabas moribunda, y bañada en porquería humana! ¡Tráeme de vuelta al ángel caído! ¡De lo contrario, te pesará, lo juro! ¡Lo juro!
El ruido que hacen los nueve brujos, le indican a Isharys que tiene poco tiempo para decidir su siguiente movimiento.
Está debilitada y sabe que si no se alimenta, pronto sucumbirá, ya sea a manos de su ama, o por el sol.
Sabe que los huesos humanos junto a la sangre de Manave, tiene el poder de otorgar la resistencia al sol. Manave será muy poderosa cuando pueda proveer su sangre para la causa. Irá por ella y por Iakobus. No hay vuelta de página. A menos que…
—Ama… —Isharys sale a darle encuentro —. El ángel oscuro se ha burlado de mí y ha huido… Permítame que vaya por su cabeza…
—Oh, no. Nada de eso… —Manave la mira con frialdad y le lanza zarpazos oscuros que hieren su rostro—. Quiero que lo traigas vivo y para reafirmar tu fidelidad, Isharys, quiero que veas cómo me lo devoro… vivo.
Las heridas infringidas son dolorosas, Isharys se cubre el rostro malogrado, pero se mantiene apacible, y oculta sus temores, ante su ama.
Es de conocimiento general, que los demonios jamás se alimentan frente a sus súbditos, se considera un gran honor que lo haga, y eso Isharys lo sabe.
—Será todo un honor, mi ama… —afirma Isharys, sintiendo cómo le quema la piel, y a los pocos minutos, su piel vampírica e inmortal va regenerándose y eso le causa un dolor abismal. Son momentos como ese cuando le pesa el hecho que la muerte natural no le sea permitido.
Manave se moviliza con cierta agilidad, y sin que sus pequeños pies toquen el suelo.
—Pero antes, tienes una misión que hacer… —le dice, arruinándole así, los planes que tenía para ir junto a Iakobus, o quizás no… —. Debes acompañar al hechicero del fuego, para que empiece el ritual.
Manave lo ha planificado siglos atrás, abrir el portal del infierno y así liberar a su sabueso Xaritón.
—Estoy a sus órdenes, ama —contesta Isharys, y la esperanza de desviarse del camino para encontrarse con Iakobus permanece intacta en ella.