39.
Entrando en el departamento de La Paz, a 3800 metros de altitud.
Ver de nuevo estas tierras secas y frías, me traen los recuerdos de la vez que pasé unas vacaciones por acá, como lo mencionó el jefe. En ese entonces me parecía que estaba en otro mundo, y en otra época, con las calles sin asfalto y los trajes típicos de esa región, la gente de allá es tímida, desconfiada, pero amable a la vez. Siempre pensé que nunca más volvería por estos lares, a menos que me dieran de gracia, otro mes de vacaciones, de los que dan antes de empezar a trabajar con la agencia, a modo de despedida del mundo humano, y ahora mírenme, estoy acá, de vuelta, y no estoy solo.
Han pasado como tres años, y aún lo recuerdo; en los últimos días de vacaciones, yo tomaba el sol en el lago Titicaca, comía trucha y bebía una sangría helada en un pequeño restaurante a las orillas del lago, la verdad es que me parecía un gran misterio la forma en que la gente del altiplano preparan las mejores sangrías, no quise indagarlo esa vez, y me limitaba a disfrutarlo al máximo, y me entretenía paseando por las tiendas de recuerdos que vendían cerámicas y adornos de imitación, de la vieja civilización ya extinta del Tiahuanaco , y yo, todo ansioso comprando pequeños monolitos.
Incluso aquellos que tienen un gran amor u obsesión por su trabajo se sienten atacados por cierta pena, justo el último día de sus vacaciones. Así me sentía yo, pero ahora estoy aquí, dentro del todo terreno color rosa, que conduce Katrina. Mikael ve por la ventanilla la carretera, y debo mencionar que en estos años no ha cambiado nada, salvo un pequeño pero no menos importante detalle: No vemos personas por ninguna parte.
Las pequeñas casas de adobe y techo de paja, están abandonadas. Perros hambrientos en la carretera. Me hacen recuerdo que es momento de alimentarme, debe pasar lo mismo con mis compañeros.
Por cierto, una vez que salimos de la agencia, los tres apagamos los teléfonos y solo dejamos funcionando el Gps. Para que no le de un ataque al jefe.
¿Y la altura?
Lo único que puedo decir es que si fuéramos humanos la estaríamos pasándola terriblemente mal, pero como solo lo aparentamos, en general estamos bien, solo algo hambrientos.
—¿Y dónde conseguiremos alimento? Me suenan las tripas —Katrina rompe el silencio, como si pudiera leerme la mente.
—Tendremos que hacer una parada, pero no veo dónde … —le digo yo.
—Gira a la derecha —le indica Mikael.
—¿Derecha? Si ahí no hay nada…
—Solo hazlo —le dice él —. Alguien cocina estofado… o algo parecido…
—Ok, si tu olfato lo dice… —Katrina gira de una hacia la derecha. Y sale de la carretera y se adentra por el rumbo que Mikael indica, por el momento no vemos una sola alma en pena cerca, espero que no se haya equivocado, aunque su olfato canino nunca falla.