38.

466 Palabras
38. Estamos de regreso en la agencia. El jefe viste su uniforme militar, boina y armas mágicas porta en el cinturón. No tiene nada que ver con la milicia humana. Se ve como uno de los G.I. joe. Y para ser justos se ve mucho más joven y fuerte que con su clásico traje de empresario. —Es la primera vez que le veo uniformado, jefe —se lo menciono como si fuera un hecho sumamente transcendental, y con su mirada me hace saber que estoy en lo correcto. —Para serles sincero, no esperaba volver a la cancha de acción, pero dado las noticias y lo que acontece. Estamos en campaña. Saca un diminuto artefacto de su escritorio y lo lanza hacia la pared, al instante se enciende una pantalla gelatinosa, que muestra un gigantesco mapamundi. Unas luces rojas marcan Bolivia, gran parte de centro América, y gran parte del Medio oriente. —¿Qué sucede en esos puntos? —pregunta Mikael. Es algo bueno escucharle. El jefe piensa lo mismo que yo. —Son los lugares contaminados por la lacra chupa sangre —le contesta—. Pero vamos por partes. Su misión es contener el ejército que han creado y que busca contaminar a todos los humanos que puedan… Ustedes viajarán a Bolivia. Tú, Jason, estás familiarizado con esa zona… Ahora que lo recuerdo, he viajado hace mucho a ese lado del planeta. Afirmo con la cabeza. —¿Quiénes son esa lacra? —pregunto yo. El jefe me mira pero no parece molestarle que lo haya preguntado. Se ve más que todo cansado. —Eso no es de su incumbencia, pero al ser un hecho pero se los diré. Hace unos cuantos siglos o más nuestros antecesores castigaron con el sueño eterno a un grupo de vampiros megalómanos y sedientos de sed y de poder que estaban obsesionados con convertir a todos los humanos en sus súbditos, pues ahora, uno de esos bastardos está de regreso. No me pregunten el cómo, porque no tenemos tiempo para ponernos a contar viejas historias… Nos alcanza a cada uno un teléfono y auricular manos libres, de esos que son comodísimos, y te olvidas que llevasen el oído. —No los apaguen —nos advierte—. Otra cosa, escúchenme bien, par de holgazanes. Si aprecian sus vidas, deben informarme si ven, escuchan, olfatean al arcángel. ¿Entendido? —Lo haremos —afirma Mikael. —Bien. Tienen a Katrina de apoyo. Ella está lista. Los aguarda abajo, irán en coche. —Pero jefe… creo que se ha olvidado de un detalle —le señalo. Mikael y el jefe esperan a que termine de hablar —¿Iremos sin equipamiento y sin armas? —Los chupa sangre no mueren por heridas de armas… —me codea Mikael.
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