37.

490 Palabras
37. Como Mikael trata de no mirarla, porque seguro se siente avergonzado delante de ella, Katrina blanquea los ojos. Para que no se centre en Mikael, me pongo a hablar de lo que se me ocurra al momento. Debo contener a mi pareja, siempre. Es una de las reglas más importantes en la agencia. Y es eso lo que voy a hacer ahora mismo. No quiero que me lo perturbe, ella tiene mucha influencia en él, ya que estaba enamorado de ella, y digo estaba porque espero que lo que siente sean solo las cenizas, vestigios de sus viejos sentimientos hacia ella y nada más... —¿Y el arcángel rocker? —le pregunto ya que he pensado por algún motivo que estaría con ella. —No tengo ni la menor idea de dónde se ha metido… —contesta, torciendo los labios. No está feliz con que haya preguntado por el arcángel rocker. Ahora que lo noto, estaba ya nerviosa, y su humor no ha mejorado desde que se fue de la oficina del jefe. Me pregunto qué le dijo en privado. —Debe tener algo mejor que hacer que andar con la agencia… —comento para que ella y Mikael escuchen—, como comprarse algo de buena ropa, no le culpo de nada —suelto. —Es que se ha desvanecido sin más y ahora el jefe cree que me aliado con él… —dice ella, con un tono sumamente ansioso—, porque le conté que me ha ofrecido sacarme la maldición… Veo que mi intención de acaparar su atención ha funcionado, aunque ahora es ella la que no se ve bien. Ella es una de las mejores cuando se trata de velocidad. Huir, salir corriendo, aparecer con toda la violencia posible, en todo eso, ella es la mujer, la experta, y que yo sepa, no le teme a nada, solo al jefe, como medio mundo en la agencia. Y cuanto más ansiosa se pone, más velocidad adquiere el helicóptero. Esta vez no pienso mencionarlo, aunque parece que si no se calma un poco vamos a perecer. Abajo, un manto verde cubre el suelo. Estamos sobre una selva que no reconozco. Vamos de regreso a la agencia. Un sonido estático se cuela en la radio. —Son frecuencias militares… —comenta Katrina al apagar la radio. —¿Somos visibles? —Sí. Este cacharro es militar. Y debo devolverlo tal como me lo entregaron. —¿Dices que la agencia trabaja con la milicia humana? —Ps, no lo sé, no importa...¿o sí? —pregunta ella, con malhumor y poca paciencia —. Estos cacharros sirven para camuflarnos. Después de todo, tenemos apariencia humana… Ay, lo que daría por una Coca cola… o una Pepsi… da igual, quiero alguna gaseosa ahora mismo… —Tengo Wiscky, por si se te apetece… —¿Wiscky? ¡No! —chilla ella, como si fuera lo peor del mundo.
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