36.

587 Palabras
36. Mikael ha terminado de alimentarse. Tiene el rostro contraído, y los ojos enrojecidos, por ellos veo una furia dentro de él, que no le pertenece, es lo que ha quedado de los humanos que le sirvieron de alimento. Me ha visto y ahora viene hacia mí. Mikael tiene la mirada ida, y los pensamientos dispersos, y al verse completamente manchado con sangre que no es la suya, cae en la cruda realidad. Sé que pasará mucho tiempo antes de que pueda perdonarse, dentro de todo es un tipo bueno. Ni él ni yo somos humanos, estos cuerpos que habitamos, se desgastan poco a poco, y un día tendremos que descartarlos para buscar otro. Es ese nuestro destino. —Debemos volver —le digo, sin ninguna emoción en mi voz. Eso parece que lo tranquiliza. —¿Dónde estamos? —parece confundido, algo perdido. Nada raro que haya perdido levemente la memoria, después de todo, lleva días reprimiendo sus instintos naturales. —San Cipriano —le digo. —¿Psicópatas? Sí, te almorzaste unos cuántos, los humanos deberían agradecértelo, pienso, pero no se lo digo. —Y toda la basura humana, no te preocupes, acá no hay una sola alma pura, no lo dudes. Mikael da una última mirada a ese triste lugar. Su cuerpo se ha recobrado. Está listo para volver. —¿Katrina me vio…? —Sí, ella nos trajo, y ahora mismo nos espera arriba. Vamos, que no quiero que se enfade… Grandioso. Ahora el que se siente debilitado soy yo, pero ojo, que no se entere el jefe, porque conmigo no va a ser amable, no señor. No importa, con whisky me las apaño. Y mientras vamos subiendo por las escaleras metálicas, un par de guardias nos detienen. —Alto… —Lo que nos faltaba…—murmuro. Nos damos la vuelta, y tratamos de ignorar el hecho de que Mikael tiene la camisa completamente ensangrentada. Yo les sonrío como un tipo agradable para llamar su atención y hacer como si nada pasara. —Permítame sus permisos —dice el más joven, con aires de superioridad, es el más inexperto de los dos, es el que hace a rajatabla todo lo que indica el manual de “Cómo ser el guardia lame botas”, y que pasa por alto la sangre en Mikael. —Dame un segundo —le digo y saco del bolsillo del pantalón la tarjeta negra que nos ha dado el jefe y se la enseño. El mismo guardia me la recibe y se pone a revisarla centímetro a centímetro. Le da la vuelta y lee algo en ella. Yo me pregunto qué será lo que lee, ya que yo no veo nada de nada en ella, pero me limito, al igual que Mikael a quedarme quieto, para que se sienta a gusto, que piense que es el que controla, que es el que manda entre todos. Novato humano. El guardia me regresa la tarjeta y nos hace un saludo militar. —Disculpe la molestia, mi general. Y nos dejan el paso libre sin más. Moverse entre humanos jamás fue un problema, salvo que a veces se te pongan de frente y quieran retener por un motivo y otro, y por no lastimarlos, preferimos abortar misiones. Al menos esta vez no tuve que lavar memorias, porque fuerzas ya no me quedan. Que no lo sospeche Mikael porque le da un ataque de nervios, o a mí. Katrina, nos saluda con la mano y ambos subimos al helicóptero al mismo tiempo.
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