23.
Estoy metida en un mal rollo.
Ya me lo estoy imaginando, el jefe va a matarme cuando se entere que le he perdido de vista. No estoy sola, y para variar, Mikael y Jason, acaban de llegar.
—¿Qué hacen acá?
Imagino que el jefe los ha enviado para hacerse cargo de la limpieza de esta ciudad, o de lo que queda de ella.
—Eso pregúntale al jefe —me contesta Jason, con esa cara de bravucón que tiene. Por el olor sé que ha bebido de la sangre de Mikael, y el brazo de Mikael me lo confirma. Mira que estos dos son un par de cachondos.
—Esa te la tenías bien guardada, primor.
—¿Primor? —Jason lo repite.
—No te lo decía a vos —le aclaro. Mikael sabe de lo que hablo.
Mikael me mira y sonríe.
—No es lo que tu cabeza demente te dice, pero este no es el momento para contarte el asunto…
—¿Dónde está el celestial? —interfiere nuevamente Jason, que luce tan delineado como siempre, supongo que es su estilo—. No lo veo por ninguna parte… ¿Acaso lo mataste?
—Muy gracioso… —entrecierro los ojos—, pero no. Debí hacerlo…
—¿Dónde lo metiste? —me pregunta esta vez, Mikael.
—Se ha marchado.
Jason alza las cejas, es un exagerado.
—Bien, no quiero ser yo el que tenga que darle parte al jefe… —suelta Jason. Por fortuna, Mikael no dice nada al respecto.
—No puedo llamar al jefe y contarle que el maldito Arcángel me ha dejado atrás y se ha marchado…
Alzo los hombros, algo fastidiada con el asunto.
El ruido molesto de un celular me pone irritada. Jason saca del bolsillo y contesta. Parece que es el jefe con quien está hablando. Mierda. Ya puedo ir despidiéndome de todo esto...
—Mierda…
Aprovecho ese momento para dar una revisada por los alrededores. Solo hay escombros y arena. Esos malditos carroñeros de la oscuridad se han dado un gran festín...
—Era él —Jason lo confirma—, quiere saber si ya vamos de regreso… con el arcángel, claro.
—¡Listo! Estoy perdida… —suelto sin esperanzas.
—Pero no tiene por qué enterarse… —acota Jason—, a menos que Mikael le vaya con el chisme…
—¿Por qué piensas que haría eso? —pregunta Mikael, no le ha gustado nada que diga eso de él, pero es en él en quién más confío, de los dos, y es el quien más sabe sobre el tema, sobre todo porque On, era su compañero antes que Jason, y era un celestial.
—Me ha dicho que puede sacarme la maldita maldición —le digo.
Mikael se toca la barbilla y medita sobre lo que le acabo de mencionar.
—Por lo que sé —me dice, con un clásico aire pensativo—, los Arcángeles tiene el poder de restaurar la vida y de quitar maldiciones, entre otras cosas… —me lo confirma.
—Pues este Arcángel me las va a pagar… —suelto con rabia. Debí aceptar, por lo menos habría salido ganando algo, ahora me arrepiento.
—Debiste tocarle —comenta Jason, como si pudiera leerme la mente.
—¡Claro! Y así ustedes dos pervertidos se habrían llevado el espectáculo de sus vidas…
—Pero lo tendrías ahora mismo domado… —Jason, acota ligeramente.
—Maldición, debí pensar en eso.
Mikael se aparta, y se transforma en perro y va controlando si hay movimientos cerca. Jason se queda quieto y se limita a verle haciendo el trabajo.
—Bueno, ya está, hay que ir por ese celestial, sea Arcángel o querubín, el jefe lo quiere en su oficina ahora mismo.
Mikael está de regreso. No ha encontrado nada de nada.
En es momento, siento de la nada una sensación extraña que va agitando mi cuerpo por dentro.
—Tus ojos… —señala Mikael.
—¿Qué ocurre con mis malditos ojos? —les miro a ambos— ¡Hablen!
Es una sensación de bienestar, es como si estuviera enamorada…
—Los tienes multicolor —me dice Mikael, mirándome fijamente a los ojos.