24.
—¿Tuviste algún tipo de contacto con él? —pregunta Mikael, que se me acerca con cuidado de no llegar a rozarme, y se pone a observar con detenimiento mis ojos.
—¿Por qué? —le miro y coqueteo con él, me gusta ver que aún me desea— ¿Estás celoso?
Pero él se muestra infalible. Le pongo en prueba, avanzo un paso y él retrocede el mismo paso para evitar el roce entre los dos.
—Lo digo porque ese es un efecto celestial… —dice sin darle importancia a hecho de que me tiene bastante cerca.
Veo en mi mente una especie de domo al descubierto, veo cientos de esfinges destruidas, creo que ese lugar la he visto antes, cuando apenas había llegado y no tenía idea de lo que ocurría aquí.
—¿Katrina?
Vuelvo a la realidad.
—Nada más estuvimos peleando —le digo— . ¡Va! No precisamente peleando, más bien, él estuvo esquivando mis golpes, aunque ahora que lo mencionas, al principio me lanzó lejos, como si con eso fuera a detenerme… Oigan, creo que sé dónde encontrarlo… acabo de verlo en mi mente...
—Es posible que hayas creado un lazo psíquico con él.
—No sé cómo puede haber pasado…
—Cuando se tiene un contacto físico con un celestial, se ven cambios como este... —musita Mikael con convicción.
—Pero si eso es imposible. Nadie puede tocarme sin volverse locos por mí… todos en la agencia lo saben, ¿o no?
—¿Y cómo luce ese famoso Arcángel por el que el jefe nos ha traído hasta el otro lado del mundo? —pregunta Jason, que parece que se aburre.
—Es un tipo bastante alto… —le digo mostrando admiración por el arcángel—. A ustedes dos, los deja lejos, la verdad, y es bastante guapo… y fuerte… ¡ah! y se me olvidaba que tiene una larga melena oscura…
—Por esa descripción, no me parece nada fuera de lo normal… —comenta Mikael, que ahora parece que lo dice por envidia.
—Eso, hasta que lo tengas en frente… —le digo, y como lo esperaba, parece que he dado en el clavo porque veo que le ha afectado mi comentario.
—Parece que te gusta —suelta él.
Sonrío, al ver que he conseguido sacarle la máscara. A mí no me engaña, sé que aún siente algo por mí. No me ha olvidado, como quiere que crea.
—Akras me gusta tanto como mi trabajo, por si te sientes celoso…
—¿Quién? —pregunta Jason, entrometiéndose una vez más en la conversación.
—El maldito Arcángel, se llama Akras —contesto con la voz llena de amor puro que indudablemente no es mi tono normal.
—¿Te aburrías y se te ocurrió preguntarle si tiene un nombre? —me pregunta Mikael, grandioso, se ve realmente celoso. No puedo creerlo.
—Esa es una historia que no pienso compartirla con ustedes dos… —les digo sin pensar en nada más subo a mi cuatro por cuatro—.Tengo que ir a por él.
—Espera Katrina —me dice Mikael y cambia de expresión, está claro que no me reconoce por es tono que no es mío —, no actúes con impulsividad… ¿Qué piensas hacer?
—Como dije, tengo que traerlo de vuelta… —enciendo el carro—. No pienso tragarme el sermón del jefe… antes prefiero morir… Y ahora que he mencionado el acto de comer, me ha regresado el hambre… tengo que conseguir alimento…
—Tienes dos horas… —me dice—. Es el tiempo que nos tomará limpiar este desastre...
—Gracias chicos, les debo una.
—Eso sí, no lo vayas a olvidar… —acota Jason y se despide con la mano. Es un rufián, sabe cuándo sacar algo de ventaja.