25.

581 Palabras
25. Recorro las calles, cientos de esfinges yacen en el suelo, a consecuencias de la masacre, es como si un grupo de la carroña se haya negado a atacar, y por eso estos destrozos. En el centro de la ciudad actual, en la cima de un edificio abandonado, en el que funcionaba una sucursal bancaria internacional lo veo. Akras está ahí. —Esta parte de la ciudad es nueva para mí. —Es lo que pasa cuando te ausentas por siglos, y un día regresas y dices ¡wow!, el mundo humano ha progresado…ahora construyen rectángulos hacia arriba y viven en pequeños cubículos. La vedad no es la gran cosa; siguen siendo esclavos, antes por comida, ahora por un papel que compra la comida… en fin, cuando pienso en todo eso me deprime, y no es lo que quiero transmitirte. Y odio tener que decirlo, pero debo llevarte con mi jefe. —Aún no es el momento. —No conoces a mi jefe… es… es… —Tendrá que esperar. —Al menos puedes explicarme tus motivos… —Estoy débil, y tú lo estás también. Katrina. Llévame a alimentarme. —¿Ahora quieres ir en mi cuatro por cuatro? ¡Genial! —Pero tenemos un pequeño problema, no creo que encontremos una tienda abierta… a menos que pretendas que hurte comida…Aunque al no haber una sola persona que pueda cobrarnos lo que consumamos no debería llamarse hurto… ¿o sí? Llegamos a una especie de mercado al aire libre, ahí, los puestos de venta y productos se mantienen intactos, nada más se nota la ausencia completa de la gente. Detengo el cuatro por cuatro al frente de unos toldos que permanecen impecables. Es un puesto de comida casera. ¡Mi preferida! —Para que sepas, tengo un hambre infinita. Así que si me ves devorando todo, no te vayas a desmayar… —le digo, mientras babeo por los olores que salen de las ollas gigantescas. Hay un largo mesón de madera vieja. Se la señalo. —Siéntate ahí, que voy por los platos. Espero que no seas quisquilloso y te guste lo picante. Akras se mantiene callado, y se acomoda sin musitar una sola palabra. Creo que es debido al cansancio que tiene, no debe ser nada bonito llegar en una bola de fuego, además, la presión atmosférica y el oxígeno le deben estar afectando aún. Aunque al principio parecía sentirse bien, y ahora que lo recuerdo, también se ha desmayado… Voy revisando lo que hay en el menú para este día. Tomo unos cuantos panes, que acá se lo conoce como aish baladí y se la pongo enfrente. Y luego sirvo dos platos con abundantes sopas de tomate picante. Me acomodo en la silla del frente, y me dispongo a deleitarme con los sabores del lejano oriente. No siempre una puede comer en un lugar como este, con o sin gente, este lugar tiene su magia y encanto. —Y bien, ¿me cuentas algo de arriba? como por ejemplo, háblame del reino celestial. Es que no me gusta comer en silencio… Pero Akras no tiene ganas. En ese momento, en el que ambos comemos en silencio, veo a unos pajaritos revoloteando cerca. En el silencio adormecedor que reina y el calor laxo, es un deleite admirarlos. Es la naturaleza presente y que llena de esperanzas aún luego de una masacre como la que ha ocurrido aquí.
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