26.

801 Palabras
26. —Por un largo tiempo, yo vivía en esta región… al principio era solo hectáreas de tierra baldía, con los años los humanos se fueron asentando, hombres y mujeres se juntaban, criaban a los infantes, que a la vez fueron agrandando las familias. Yo solo era un vagabundo sin techo y sin pan, pero era bastante feliz. Los infantes me conocían como el Loco feliz, y así, para hacerte la historia corta, con los años, comencé a convivir con ellos. Por los cincuenta, hablo de este siglo, me hice con un negocio pequeño pero muy rentable de golosinas… Mira allá. Lo que me muestra es una casa de una planta, con las paredes descoloridas y el techo a punto de caerse. No me parece nada fuera de lo normal, es, de hecho igual a todas las casas de esta zona. —Ahí era… —me dice. Vuelvo la mirada y le miro con la cara larga. —¿Me estás diciendo que “eso” que tenías que hacer antes, era darte una vueltecita por nostalgia? —le digo dando una mordida al pan que está delicioso, y luego me sirvo otro plato de sopa. No importa el calor que hace, está riquísima. Akras me mira y veo que sonríe muy levemente. Me pregunto si los arcángeles tendrán prohibido hacerlo. Espero que no, porque así me aburriré con él. —Él sabe que estoy de vuelta —dice luego de beber del vaso con agua al natural, ya que aquí no hay refrigeradores ni latas de cerveza. —¿Y quién rayos es “él”? —le pregunto intrigada. Quizás hable de otro de los suyos. —Iakobus. —¿Iakobus? ¿Y él qué tiene que ver con todo esto? Hasta dónde sé, los ineptos de mis colegas aseguran que o ha retornado arriba o está muerto. Akras lo niega. —Están equivocados. Pero él ya no es él. —Mira, mejor dejemos de hablar de él que ya me he hice rollos en la cabeza… Oye, pero tú me decía que puedes sacarme la maldición… ¿Puedes hacerlo ahora mismo? —No puedo. —¡Cómo que no! —Estoy debilitado más de lo que esperaba, si ahora mismo uso un poco de energía, temo que perderé la conciencia, y eso podría durar días, meses quizás… Necesito mantenerme en pie, al menos hasta que lleguemos a la agencia, lo siento. —Bueno ya, ya me latía que era demasiado fácil y sencillo volver a ser normal, no tengo remedio, ya lo sabía… tendré que cargar esta maldita maldición por toda la existencia… —No he dicho que no lo haría, solo que me tomará algunos días… podré limpiarte de la maldición, tenlo por seguro. —¿Me lo prometes? —Sí. Te lo prometo. —Oye Akras, ¿sabes que estás bien lindo, no? —¿Coqueteas conmigo? —Sí. ¿Por qué lo preguntas? —tuerzo los labios, como una chica tímida, que obvio, no lo soy— ¿Los arcángeles no pueden… ? Tú ya sabes a lo que me refiero… Akras no responde, quizás se hace al difícil. Luego de acabar y quedar con la panza bien llena, me siento tan agradecida con la vida. Como quien dice: “Panza llena, corazón contento” Creo que es cierto. —Creo que es hora de volver. Oye, Akras… —le digo, mientras nos dirigimos al cuatro por cuatro. —Dime. —Mi jefe me va a sermonear si se entera que te perdí de vista… aunque solo un momento… —No lo mencionaré, no te preocupes. —Oye, gracias. Aparecen Mikael y Jason justo cuando enciendo el carro. Ambos me miran y luego a Akras como si se tratara de un espécimen o una reliquia, aunque en cierta forma lo es. —¿Y este con pinta de dark rocker? —suelta una broma Jason. —Es nada menos que Akras… —me pavoneo—. Ven que lo he pillado como les dije que haría. Mikael se limita a callar. —Vaya bienvenida que tengo —comenta Akras al estudiarlos con la vista—. Un Sombra y un cambia formas… de escolta. —Epa, que yo no estoy pintada en la pared, guapo —le digo, algo ofendida por no ser mencionada. —Ya, pero tú eres la mejor bienvenida que he tenido en los últimos cinco siglos. —Ahora tratas de corregirlo… —le suelto, sin creerle nada. Miro a Mikael y a Jason que se han quedado callados, cuando han visto que yo no les mentía en nada. Akras es un guapetón. —¿No piensan subir? —les pregunto a los dos.
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