27.

741 Palabras
27. Entre el cuerpo atlético y musculoso de Jason y las piernas largas de Akras, la parte posterior del cuatro por cuatro ha quedado pequeño. Jason va incómodo, no por el espacio en sí, sino por la inercia. Y le entiendo, el viajecito que nos espera es largo y aburrido. —Oye Katrina, —ahí va de nuevo, con sus comentarios filosos—, en almacenes no tenías una talla más grande para que este rocker celestial no se viera como un… —Jason mira a Akras y le hace un guiño, y le dice:—, disculpa la expresión, no te lo vayas a tomar personas, ¿ok? —luego vuelve a dirigirse a mí —. Si parece un idiota vestido así. Yo que voy al volante, ni siquiera le miro por el retrovisor para contestarle: —Eso pregúntale al jefe, porque fue él, quien me pasó la ropa… —y agrego mirando a Akras, por el retrovisor:—, de todos modos no parece que a él, le importe demasiado… Akras parece que no escucha la conversación, es como si tuviera la mente en los cielos, y lo digo de forma literal. Mikael que viene en el asiento del copiloto no abre la boca, supongo que tendrá que alimentarse y no tiene fuerzas, hasta dónde sé, no lo ha hecho y va como un día en estas ruinas. De todas formas, no sé si es buena idea mencionárselo, sé que se pondrá de malas, si estoy en lo correcto, y no quiero que empecemos una pelea. De alguna forma estoy perdiendo el control del volante, es como si se condujera solo. Todos se sujetan para no chocarse entre sí. —¡Epa, epa! —suelta Jason—. Me parece que tienes alguna urgencia, pero no quiero salir herido… bájale al cambio... —No soy yo… —le digo, tratando de recobrar el control del carro, aunque es inútil, el cuatro por cuatro va haciendo zigzag por la carretera y parece que en cualquier momento nos mandará a volar por los aires. —¡Que la bajes! —insiste Jason. —¡¡Que no soy yo…!! —chillo, ahora sin control. Mikael, que está junto a mí, se da cuenta que digo la verdad. Sus ojos van a parar al techo. —Es un carroñero de nivel diez —dice, manteniendo la calma—. Está pegado al techo. —Así que quiere que ir de polizón… —digo yo—, pues no le daremos ningún aventón. Pero sé que Mikael no puede hacerse cargo, que está débil, y que solo podemos contar con Jason. —Oye, Jason, ya que andas aburrido y no quieres salir con rasguños, haznos el favorito de mandar a volar de ese bicho… —Hazlo tú… —contesta él, y parece que no le da la gana de mover un dedo. El maldito carroñero ahora intenta hacernos dar un vuelco de campana. —Lo haría, pero pasa que estoy al volante… —Buen, lo haré… —dice como quién no quiere la cosa. Bien, ahora mismo estoy a nada de perder la compostura, pero me obligo a mí misma a respirar hondo, que no se diga que las clases de autocontrol no dieron sus frutos. Jason abre la ventana y saca la cabeza y parte del cuerpo, para ver al carroñero que va de polizón. —Carajo… es uno de los problemáticos… —Mira que no me había dado cuenta —le digo con sarcasmo. Mientras tanto el carroñero golpea el techo para romperlo y acceder a nosotros. —Ya, pero puedes con él, ¿o tengo que arreglármelas sola? —Mikael está débil, el arcángel en otra sintonía, y tú intentas controlar este cacharro, así que aunque no sea de mi agrado, debo ser yo el que lo haga… —¿Y si vas poniéndote las pilas? —Frena. Lo hago de una. —¡Mierda! Chillo. El carro casi se vuelca pero nos hemos detenido. Miro a cada uno de nosotros y reviso que estemos bien. Salvo el susto, es una suerte que ninguno haya salido herido. —Pase lo que pase, evita que Mikael, intente ayudarme… —me dice Jason, y sin esperar respuesta, la Sombra que porta en su cuerpo sale y se dirige al carroñero. La energía que carga es letal, es una de las más potentes, ya entiendo que Mikael haya preferido ser compañero suyo.
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