52. Mikael adopta su forma de un gigante lobo platino, la que usa para las verdaderas batallas, lo escuché alguna vez mencionarlo al jefe, pero es la primera vez que le veo en esta forma. Sus ojos rojos me miran, a ratos, pero ignoro si me reconoce o no. Subo sobre el cuatro por cuatro y mientras Mikael va atacando a las bestias, uno a uno va eliminándolos. Yo hago lo mismo, con mis dos armas. Mi perfecta puntería le mantiene las espaldas libres de peligro. Si esto es el infierno, quiero vivir limpiando la tierra de estas bestias infernales. Todos van detrás de Mikel, y ya no llego a verlo. —¡Mierda! He perdido de vista a Mikael. No escucho sus latidos, ni sus feroces gruñidos. Esto no es nada bueno… no. Una turba gigantesca lo rodeaban y se le abalanzaban, mis balas no sirven par

