SIRIA No era de hacer ejercicio. Esa era una verdad universal sobre mí. Los gimnasios eran para personas disciplinadas. Para personas que disfrutaban del dolor autoimpuesto y el sudor. Yo no era esa persona. Pero las caminatas... las caminatas eran diferentes. Al aire libre, con música en los oídos, despejando la mente. Eso sí podía hacerlo. También bailar pero en una mansión llena de testosterona no era mi mejor idea para mis bailecitos como los llamaba Olivia. Y después del día de ayer—después del beso, la mentira, la llamada con mi madre, la conversación con Cristian en la cocina—mi mente necesitaba desesperadamente ser despejada. Así que me había levantado temprano. Demasiado temprano para alguien que había pasado toda la noche dando vueltas en la cama, pensando en ese maldito b

