SIRIA Dos semanas. Habían pasado dos semanas desde el primer concierto. Dos semanas de shows cada noche, ensayos durante el día, viajes entre ciudades. Dos semanas de vivir en esta mentira que se sentía cada vez menos como mentira. Pero no podía dejar de pensar en esa noche. En el estadio de Madrid, con veinte mil personas gritando. En cómo Cristian nunca dejó de mirarme durante todo el concierto. Como si estuviera cantando solo para mí, incluso cuando había miles de otros rostros en la multitud. Y luego... luego vino la última canción. Estaba parada en el lateral del escenario, donde había estado toda la noche, cuando las luces cambiaron. Más suaves. Más íntimas. Cristian se acercó al micrófono, solo él y su guitarra acústica. "Esta canción," había dicho, su voz llenando el estadi

