Tobías no quería aceptar el hecho de que su madre estuviera viva y no hubiera querido comunicarse con él en todo ese tiempo, pues eso le dolía horrores, pero las pruebas eran irrefutables. Línea tras línea, ella le contaba cómo había desaparecido porque quiso, y nunca nadie descubrió a dónde fue. Resulta que se había ido con un hombre que le prometió villas y castillos, algo que al parecer cumplió y se quedó con él, pero su única condición era que fingiera su muerte, ya que no soportaría tener a algún hijo de una pareja, eso sería faltarle el respeto a su relación. Tras pasar algunas horas desde que había ido a la cafetería donde creyó ver la mano de su adorada Margaret, no podía dejar de pensar en ello, pero tampoco podía dejar pasar más tiempo para leer por completo la misiva recibida

