—¿Vamos a tu casa?— preguntó con una sonrisa mientras nos poníamos el cinturón. —Claro.— miré por la ventanilla, aún veía a todo el equipo mirándonos, era lo único que evitaba que saltase sobre él allí mismo. Arrancó el coche y puso la mano sobre mi muslo. Empecé a temblar y dar vueltas sobre todo lo que podía ocurrir, se me estaba poniendo la piel de gallina. —He cambiado de idea, para donde puedas.— me acerqué y besé su cuello, sabiendo que no podía hacer mucho más sin que se convirtiese en un peligro en la carretera. —¿Dónde?— dijo él mirando a los lados de la carretera. —No me importa, pero cuanto antes mejor.— señalé un pequeño bosque junto a la carretera, con un camino de tierra que llevaba hasta él. —Ahí. Se desvió de la carretera y metió el coche entre los árboles para que

