51 Sirenas

302 Palabras

La tela estorbaba para nuestro propósito de unirnos por completo, de modo que su camiseta desapareció y a continuación la que yo llevaba (que resultaba ser suya también). —Mierda.— supongo que es el tipo de cosa que a nadie le gusta oír mientras besan desde su cuello hasta el pecho.—¿No lo oyes? Solo entonces Hudson logró sacarme de aquella especie de nube de pasión vaporosa y concentrarme en qué ocurría más allá de los cristales empañados de ese coche. Empecé a oír las sirenas y entré en pánico, Hudson debía estar a la altura perfecta para oír mi corazón acelerarse aún más hasta niveles incompatibles con la vida. Volví al asiento del copiloto y me puse la camiseta con más prisa que atención. Mientras Hudson colocó el otro asiento en su posición usual y también se vistió a la carrera. A

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