—Estás guapísima.— dijo con una sonrisa mientras me abrazaba con la espalda, aquello me ponía más nerviosa y hacía imposible meter la llave en la cerradura. Soy consciente de lo irónico de esta situación. —Un momento...— en cuanto me dejasen de temblar las manos, iba a conseguirlo. De pronto la puerta se abrió y ambos nos quedamos petrificados ante su aparición unos centímetros por encima gracias al escalón de diferencia entre nosotros. —Bienvenida a casa, hermanita.— cuando Raven sonreía de esa manera solo podía significar algo malo.— Y tú eres... —Hudson, encantado.— respondió él inocentemente. Intentó extender la mano hacia ella para estrecharla suya formalmente, pero vi sus intenciones y le detuve, me temía lo peor. —Hudson.— su sonrisa ocupaba cada vez mayor parte de su cara y

