—Duele muchísimo.— dijo London en cuanto me vió aparecer de nuevo. Solo me había ido unos minutos para ir a buscar hielo a la cafetería. —No es para tanto.— intervino Hudson, que me quitó la bolsa con cubitos de hielo de las manos y la puso sobre el tobillo sin demasiado cuidado. —¿Y tú que sabes?— London tomó mi mano, parecía muy molesto y era en gran parte por mi culpa así que en lugar de apartarme me agaché a su lado. —Bueno, no parece nada.— lo cierto es que a priori, no se veía ni un poco de hematoma.—Podría ser un pequeño esguince como resultado del movimiento brusco que habrá sobrepasado los límites de elasticidad del ligamento. —¿Qué?— London estaba tan boquiabierto como yo, claro que nuestras actitudes eran muy diferentes, él estaba preocupado por el estado de su tobillo y a m

