Al escuchar voces fuera salgo, pero lo que no me esperaba era que Inuyasha se encuentre en mi casa y que ahora me mire como si fuera una total desconocida. Sus ojos dorados se encuentran petrificados sin dar crédito a lo que ven. Yo estoy muy sorprendida y entonces caigo en cuenta de que él sabe demasiado ya sobre mí. Mi miedo se acumula. Él es como Naraku Debe ser como Naraku, porque solo de esa manera me encuentro el que sea su amigo. Se muerde los labios y pestañea cuando los brazos de Naraku me envuelven. El rechazo que le tengo hace que me tense un poco, solo un poco y agradezco que Naraku no se da cuenta. No puedo controlar eso, es como si cada vez que él intenta acercarse a mí ya mi cuerpo reacciona de manera nerviosa. Mi cuerpo y mente le temen. —Ella es mi esposa Inuyasha—Narak

