—¿Qué es eso? —Le pregunto a Inuyasha mirando con temor los chocolates que descansan sobre mi escritorio. —¿No te gusta el chocolate? —Pregunta extrañado. —No, no es eso — respondo rápidamente — es solo que no sé por qué me los regalas — murmuro despacio tomando asiento sobre la silla. Él sonríe mostrándome su dentadura y me guiña un ojo. —Somos compañeros ¿no? —Pregunta y asiento. —Gracias — los tomo con menos temor. —Es extraño — dice de repente — ya ha pasado un mes desde que trabajamos juntos — rasca la parte baja de su nuca — y no se casi nada de ti — por instinto me levanto y me alejo un poco. —No hay nada que debas de saber — comento con la mirada fija en los chocolates que descansan sobre el escritorio. Puede que ya le no le tenga el mismo miedo que al principio, pero eso no

