Omnisciente. Las tormentas tenían una forma de llegar. Lento, o fuerte. Pero siempre llegaban cuando menos lo esperaban. Mientras Roman y Nikolai unían fuerzas para recuperar al pequeño Matteo. Luca, Justin y Vadim, seguían buscando pistas sobre los desaparecidos. Mientras tanto, aquel o aquella persona que se había propuesto en arruinar todo su mundo, mira con atención a sus cautivos. Sus zapatos sonaban contra el concreto bajo sus pies. Algunas piedras rebotaban cuando avanzaba. Se adentró al interior de la primer celda. Al frente, en una silla de metal y con las manos amarradas a los reposabrazos, Clarissa se encontraba con la cabeza caída hacia un lado. —Buenas tardes...— canturreo con una voz totalmente vacía de emoción. Se acercó a ella y palmeando su mejilla. —Despierta—

