No puedo estar un segundo más aquí. Salgo del departamento y cierro la puerta tras de mí. No soporto el dolor en mi pecho. Me digo que es algo pasajero y que es una simple broma que alguien quiere hacerme, pero algo me grita que esto es serio. Es real. Camino sin sentido por la acera. No tengo un interés específico de ir a algún lado, con salir de ese espacio dañado y violentado me es suficiente. No suelo encariñarme con los lugares, las personas, los animales, con nada que pueda cambiar de un momento a otro. No me ha fastidiado vivir así desde que Joshua murió. Los primeros meses fueron terribles, la soledad era más potente y dañina por lo que podía imaginar en aquel entonces. Cinco años atrás la felicidad estaba reducida a los escasos momentos donde mi hermano sonreía. A causa del dolor

