Diez minutos después, sigo aún en el comedor del departamento de Santiago. No puedo creer que él me dijera algo tan cruel. Cierto, real, pero eso no quita lo cruel. ¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Por qué me duele? No creo necesitarlo. No quiero necesitarlo. Me niego siquiera a considerar que en algún momento de mi vida voy a necesitar a alguien. No puedo permitírmelo porque sencillamente nadie ha estado para mí en los momentos más difíciles. He tenido que sobrevivir sola por demasiado tiempo, he tenido que valerme por mí misma y sacar de abajo para seguir adelante. Siento deseos de perseguirlo, de seguirlo y decirle todo lo que me viene a la mente. Quiero gritarle que no soy esa cualquiera que él piensa, pero el problema es que sí lo soy. Soy esa, soy la que vende su cuerpo desde hace

