CAPÍTULO IXDruscilla entró en el salón, satisfecha de su apariencia. Como esperaba, Rose había dejado un traje de montar en la casa de la plaza Berkeley. Estaba nuevo y era demasiado elegante para usarlo en el campo. Había sido confeccionado para cabalgar por Hyde Park, pero ella sabía que era la prenda de su vestuario que más la favorecía. En lugar de ponerse el sombrero, lo llevaba en la mano. Una leve sonrisa asomó a sus labios, preguntándose si lograría captar una mirada de admiración en los ojos del Marqués. Pero al pensar en ello recordó a la mujer que había visto contra los almohadones en la calle de la Media Luna, una cara encantadora y petulante, rubios cabellos, y hombros que asomaban desnudos bajo la ropa de cama. Resueltamente, trató de apartar de sus pensamientos aquel rec

