Seven frotó su sien con impaciencia mientras deslizaba el dedo por la pantalla de la tablet. Una a una, las fichas de las niñeras pasaban frente a sus ojos, todas impecablemente calificadas, todas con experiencia, pero ninguna le parecía adecuada. —Por Dios… —murmuró, soltando el dispositivo con fastidio y llevándose los dedos al puente de la nariz. El cansancio pesaba sobre sus hombros como una carga invisible. Desde que Stormy le había enviado el catálogo digital de su empresa de niñeras, había pasado horas tratando de encontrar a alguien que encajara con sus hijos. Pero después de todo lo que había pasado, los niños estaban imposibles. No dormían bien, no escuchaban, estaban más inquietos que nunca. Y cada una de las candidatas que había visto hasta ahora le parecía… insuficiente.

