Mariposa trabajaba en el bar de montaña "La Cordillera", enclavado en los hermosos parajes de Bariloche, Argentina. Cada rincón del establecimiento evocaba la calidez de un refugio en medio de la naturaleza: la madera pulida, las ventanas que enmarcaban vistas de cumbres nevadas y el murmullo distante de los turistas que llegaban para disfrutar de la magia del lugar. Allí, entre risas y confidencias, Mariposa había reconstruido su vida tras años de dolor. Eran ya tres años desde aquel episodio en el hospital, desde que, con la ayuda de una enfermera compasiva llamada Renata y una cadena solidaria de mujeres que se habían unido para protegerla, logró escapar de una situación de violencia que la había marcado de un modo triste y cruel. Aquel pasado la perseguía en silencio, pero en Bariloch

